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  • Súcubo

    Soñé luego de mucho despertar. Miraba una pantalla donde un sapo bajaba por la viga de una casa antigua. Allí vivía una familia numerosa, todos morenos. En su cocina algo se estaba tramando; todos desconfiaban entre sí. Eventualmente empezamos a destruir los juguetes; la casa se fue deshaciendo y sobre cierta extensión de terreno quedó una única gran cama, con juguetes rotos alrededor. El padre explicaba algo al resto de la familia mientras yo observaba a lo lejos a la única hija rubia que se entretenía con un telar. De alguna manera, logré verle la cara y reconocerla como la razón de mi sueño y mi lucidez comenzaba a medida que ella deja el telar y se dirigía hacia nosotros. Sus hermanos menores infirieron desconfiados que me fuera de ahí lo antes posible. Uno de los juguetes que había quedado intacto fue una pelota plástica que tiré hacia la calle. Al irme pasé a recogerla, estaba deshecha. Me di vuelta y ella estaba en la calle, sonriendo y diciendo que me tenía cariño. Llevaba un vestido con flores pequeñas. Me acerqué y dije que estaba contento por encontrarla pero que ahora me tenía que ir, que la vería otra ocasión.

    Me cogió del cuello y me habló muy cerca, su voz era distinta a mi recuerdo; vi que tenía la pelota plástica en la mano y que trataba de metérmela en el pantalón. Revolvió una mano por mis vestimentas. Empecé a escuchar una cascada. Le dije que nos viéramos, que hiciéramos algo juntos: una cerveza, fumar marihuana, tomar un helado o simplemente vernos. Su mano en mi nuca colgaba hacia ella; la tenía tan cerca que una erección rozaba su entrepierna y mis brazos sus tetas. Sacó una lengua larga y mirándome a los ojos la paseó por mi boca mientras decía que ella quería todo al revés: que primero las tetas, luego juntarnos, luego el helado, etc. La oía risueña a pesar de tener la lengua afuera y quise besarla con normalidad pero su mano se descolgó. Le dije que me iba de viaje pronto, que nos juntáramos mañana. Mañana es el fin del verano, me dijo.

    • 6 months ago
    • #sueño
    • #lúcido
    • #quien?
  • Quiero volver a escribir

    Pero no sé bien por dónde empezar. Tal vez por las vocales, pero son muy pocas. Quizá eso sea bueno. Menos es más; un modo de ver las cosas que adapté hacia el final de mi escritura, hace años, cuando trataba de escribir cuentos o desarrollar ideas cada vez en menos líneas. Por eso me cambié a la música. Era más fácil sentir lo mismo tocando un poco de guitarra que escribiendo un par de párrafos de adolescencia indigerible. La música tampoco era tan buena, pero era mejor. Y más fácil. Pero ya no. Por eso quiero volver a escribir. Porque espero que sea difícil.

    Recordemos un poco. Escribí sin parar durante casi, por decir un número, ocho años de mi vida. ¿Cuánto dura la pubertad? Vaya imbécil. En vez de salir y conocer gente, emborracharme y darle besos a las mujeres, escribía sobre niñas imposibles, su fantástica ebriedad y cómo conocían gente. Gente que nunca era yo. Nunca quise ser el héroe de mis propios cuentos. Siempre fui el secundario, al menos concientemente.

    Y me detuve después de un buen rato. Tenía otras cosas en mente. Quería vivir en vez de describir la vida de otras personas. Igual seguí (d)escribiendo, pero eran ideas y metáforas que evidenciaban mi condición de iletrado. Porque si bien escribí harto, no había leído tanto. O tan extensamente, de tópicos y en estilos diferentes. No, siempre era lo mismo. ¿Para qué hablar de poesía? Nunca me ha gustado a pesar de haberlo intentado con todo tipo de autores. Pero sí escribí un par de poemas. O lo que creía eran poemas.

    Me dijeron que escribía bien; lo repitieron hasta que les dije que no iba a escribir más. No tenía sentido. No podía llegar a las mismas cumbres que antes. Recuerdo que desde allá arriba se podía ver otro aire y respirar otra luz; tiritar de placer en cada idea era lo que me mantenía en ascenso. A veces volvía sobre mis pasos, los deshacía y reemplazaba por otros con más personalidad. Huellas de un pasado estancado y olvidado a propósito. Me da vergüeza haber estado allí, en tierra de ignorantes. Porque escribía sin saber que había que escribir para uno mismo y no para los personajes; por eso cuando los mataba, tenía que escribir otro cuento, en el que se reunían en el purgatorio y sacaban cuentas de lo mal que lo habían pasado en el relato anterior. Vaya idiotas, ninguno quiso advertirme. Desgraciados.

    • 7 months ago
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